Referéndum Catalunya contado por IÑIGO MENDIZABAL

Iñigo Mendizabal, nuestro concejal en el ayuntamiento de Portugalete, nos deja una crónica sobre los acontecimiento ocurridos en el Referéndum de Catalunya, desde su óptica de observador internacional.

Merece la pena leerlo.

Acontecimientos del día del referéndum, el día 1 de octubre.

Desde primera hora de la mañana salí de mi alojamiento pasando por Carrer de Pujades, por el centro de votación Escola Les Acacies, en el barrio de Poblenou. Allí, al menos un par de cientos de personas esperaban en hileras en las puertas, aguardaban cola para votar. Respetando pacíficamente su turno para acceder al recinto. Eran aproximadamente las 8:10h. de la mañana. En la acera de en frente también había personas esperando aunque no se habían acercado a aguardar en la fila.

Desde ese lugar en Poblenou hasta el lugar al que me dirigía (Instituto Balmes en carrer Pau Claris), las noticias eran bastante buenas, habían llegado las urnas, esa era la información que me llegaba a través del móvil. Sin embargo, al llegar a la puerta, acababan de entrar como unos 25 ó 30 agentes de la policía nacional. Adjuntaré dos videos donde puede verse lo que yo ví con mis propios ojos. Grabados a las 9:01 minutos y a las 9:03 minutos. En el nombre de los archivos está identificada el día y la hora.

Ante un grupo muy numeroso de ciudadanos y ciudadanas que clamaban por sus derechos se llevaron las urnas (primer video) y el resto de material necesario, y el centro resultó cerrado. Entre el momento en el que llegué a las puertas de ese centro y hasta que se ve lo que hay en las imágenes pasaron unos largos 15 minutos y aprecié muchísima tensión. En el exterior, que es donde yo me encontraba, se veían manos levantadas reclamando su derecho a votar.

Por supuesto, no quepa la menor duda, que ante tales hechos las personas que estaban allí, manifestaron su malestar, pero en ningún momento observé ninguna actitud violenta. Eso quiero remarcarlo. Durante la mañana, y una vez que sabíamos ya con certeza que el centro no iba a abrir, nos dirigimos las cinco personas reunidas por ICEC a otros recintos de votación. Desde allí mismo a Plaza Lesseps al instituto Josep Serrat. Serían aproximadamente las 10:30h. Al llegar a este segundo centro de votación nos encontramos la calle repleta de personas, esperando a las puertas del edificio y aguardando la fila para acceder a las mesas de votación. Esperaban pacíficamente a votar. Lanzaban consignas sobre su derecho a votar y canciones. Animados por ver a los observadores internacionales nos abrieron pasillo para que pudiéramos acceder y ver lo que sucedía en las mesas electorales. Era palpable que sentían pisados sus derechos electorales. Y así nos lo dijeron a lo largo del recorrido de la calle animándonos a que entrásemos y lo contásemos todo.

Nos hicieron pasillo con todo el cariño del mundo, querían que viéramos lo que allí sucedía. Tenían las conexiones a la aplicación del censo caídas y no podían continuar votando. Es muy importante explicar que no votaban mientras no funcionaba la conexión que los conectaba a los censos de votación.

En ese instituto, tuve una de las experiencias que más me marcaron personalmente, una señora de 103 años fue un claro ejemplo de democracia y una gran lección para el mundo. Estuvo esperando para poder votar y no quería moverse de allí. Había más personas en situaciones especiales y con diversidad funcional. Pero con su edad, quizá aquello me conmocionó y la quería mencionar especialmente, aunque no fue la única persona que en situación de especial dificultad o edad avanzada hicieron lo posible para acudir a una urna a dejar su voto.

Después de unos minutos y de informarnos de la situación de las conexiones, nos dirigimos a pié a dos centros más, no sin antes asegurarnos de que ya se pusieron en funcionamiento de nuevo, y pudimos observar que continuaban con la votación. El siguiente lugar al que fuimos fue al Instituto Montserrat en carrer de Copernic. Ahí pude observar las votaciones, que también habían sido paradas en los momentos en los que el censo no funcionaba correctamente según me informaron desde las mesas electorales. También en este recinto había largas colas, y la tensión se hacía notable en el ambiente a la espera de que pudiera llegar la policía a retirar las urnas. A esa hora las noticias ya habían recorrido toda Catalunya y la tensión era notable. Pero la paciente ciudadanía de Barcelona que estaba ahí esperaban en calma. Pude ver decenas de personas votando. Como en cualquier otra convocatoria se recogía el DNI, se buscaba en el censo y se votaba. En ese sentido, todo normal. Además, dejaban pasar a las personas con más dificultades para que no hicieran de su espera un infierno. Tal y como pude ver en el colegio electoral anterior se repetía esa escena.

No detecté nada fuera de lo normal, salvo lo que para mí era la salvajada de tener esperando a esas personas en largas colas por todo el recinto cuando en unas circunstancias normales no sucede así, que yo sepa, en ningún punto de España en unas elecciones ordinarias.

A eso de las 12:30 los de mi grupo nos separamos, unos fueron a descansar porque llevaban más horas que yo esperando en el primero de los centros, que fue el que cerraron. Por mi parte, como acudí más tarde y estaba animado por el interés, me quedé un rato en el edificio de al lado que también estaba habilitado para votar, y aunque no llegué a entrar, pude ver decenas de personas esperando con paciencia infinita a que llegara su turno.

Sobre las 13:30 horas me presenté de vuelta a la zona donde se encontraba otra de las compañeras que habían acudido a Barcelona conmigo. Ella se encontraba en Escola Concepció, en la carrer de Bruc 102. Ahí estuve con ella hasta finalizar las votaciones y el recuento, a eso de las 21:30 horas.

En este centro pude ver cientos de votantes, acercándome a mesas para ver el funcionamiento, comprobando cómo votaban, cuando el censo rechazaba votantes y las decisiones que se tomaban al respecto. En mi caso, pude ver varias personas que no pudieron votar. En un caso concreto, pregunté al desafortunado votante y me dijo que era probable que el inquilino de su anterior residencia lo borrase del padrón. En otro de los casos, aseguró la persona que no había votado previamente, aunque la máquina indicaba que lo había hecho minutos antes. Fueron los dos únicos casos y uno lo aclaró la misma persona afectada. Por tanto, entiendo que la aplicación funcionaba correctamente. En mi opinión, parece que todo funcionaba con una transparencia exquisita, ya que en ningún momento tuve impedimento alguno para ver todo lo que sucedía en el recinto de las votaciones.

Las últimas horas de la tarde fueron intensas. Cada sirena, cada aviso de que llegaba la policía era una llamada a la calma. Eso es lo que no entra dentro de unas elecciones, en ese sentido me impactó ver una palpable tensión. Y por eso lo explico porque me parece importantísimo tenerlo en consideración. Se respiraba un aire de excepcionalidad provocado por agentes externos y no por la votación en sí, ni por los ciudadanos o ciudadanas de Barcelona que allí acudieron a votar, ni por el proceso que se estaba desarrollando.

El recuento fue abierto a las personas que allí estábamos observando. Sin impedimentos y totalmente público. Los datos se dieron por megafonía y se nos presentaron tal y como los solicité. Todo correcto. He acudido en otras ocasiones a otros centros de votación y no pude apreciar ninguna diferencia con cualesquiera otras elecciones en lo que respecta a la composición de las mesas, los instrumentos a utilizar, la privacidad del voto (había un espacio a parte habilitado al efecto), el recuento público…

Conclusión

El referéndum transcurrió correctamente en la medida que dependía de la Generalitat o de  la ciudadanía. Todo aquello que impuso otras condiciones o situaciones no era interno.

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